A VISIT TO GIBRALFARO
Antigua fortaleza árabe utilizada en la defensa de la ciudad a lo
largo de toda su historia. Está emplazada en el Monte del Faro, por
las amplias vistas que desde su altura se contemplan.
Llegamos andando, por un camino muy, muy pendiente que sale a pocos
metros de Lexis.
Hay también un autobús urbano que
nos hubiera llevado arriba, pero como estamos en forma...
Después de descansar un ratito, entramos por un arco que se abre
en interior de la doble muralla. Tomamos la dirección de la izquierda,
donde encontramos el primer mirador sobre la zona del parque, el puerto
y el inmenso mar.
Continuamos andando a lo largo de la muralla sur hasta encontrarnos
un segundo mirador, ya sobre el entorno de la catedral
y el Museo Picasso. Se distingue perfectamente el trazado medieval
y de los siglos posteriores, a la expansión de la ciudad en los últimas
décadas. Nos llama la atención la vista de la catedral, con sus bóvedas
desnudas. La gran mole del Palacio de la Aduana, a nuestra izquierda
nos recuerda hasta donde llegaba el mar hace años.
Paseando por las murallas nos llega el aire fresco del mar, y el
sol, casi siempre presente en el cielo malagueño. Dicen las malas
lenguas que de la cercana África nos llegan por aire partículas euforizantes.
El caso es que nos sentimos en la gloria, dominando la ciudad y dando
un paseo al sol por tan viejas piedras.
Llegamos a lo que fue calabozo o prisión. Podemos subir más ato y
así contemplar no sólo la ciudad y el mar, sino los montes de Málaga,
parque natural de espesa vegetación y habitada por miles de jabalíes.
Donde no hay árboles, la tierra se nos presenta de un color pardo,
que contrasta con las masas verdes de jardines y bosque. El interior
de la fortaleza del Gibralfaro está protegido por grandes ejemplares
arbóreos y arbustivos, con agradables zonas de paseo.
Seguimos bordeando la fortaleza, ahora por la parte norte. Vemos
los Jardines de la Concepción y los Montes,
hasta llegar a un acceso que nos permite subir a los miradores de
la zona este. Aquí el mar y la costa, bellísima, toman protagonismo.
Vemos las pequeñas calas que bordean el Paseo Marítimo hasta
los Baños del Carmen y el Palo. Todos son lugares bien conocidos
por nuestros estudiantes playeros. Nos sacamos fotos, en grupo, por
amigos, de esta vista, de esta otra, y bajamos por una escalera de
vértigo hasta la explanada de la entrada.
Entramos en el edificio que fue polvorín de la fortaleza, hoy convertido
(gracias a mi amor) en un coqueto museo del castillo y de sus diferentes
ocupaciones a lo largo de la historia.